jueves, 13 de enero de 2011

El Legado de Homero Simpson

Por: Rafael Álvarez de los Santos

La súper famosa serie televisiva “Los Simpsons” nos ofrece una historia interesante de analizar porque la misma es una crítica a la sociedad de nuestros días.

Homero, personaje principal de la serie, es una persona abandonada por su madre cuando apenas era un niño y criado por un padre que nunca reparó en cuidarlo ni tener palabras de elogios para él.

Esta situación hizo de Homero una persona que entiende que lo único importante es sentir que tus hijos e hijas te reconozcan, que te quieran, que es imprescindible mantenerse “bien” con su familia; de hecho, lo único que suele preocupar a este personaje es sentir que ha herido a alguno de sus hijos o que su esposa está enojada con él. Homero es capaz de hacer hasta lo imposible para recuperar la armonía en un hogar donde él suele ser reincidente en estropearla.

Por lo demás, Homero es una persona totalmente vulgar, para nada le interesa los buenos modales, es un apasionado frenético de la comida y un bebedor de cerveza empedernido. Es una persona a quien no le preocupa en lo más mínimo vivir apegado a valores éticos, no paga impuestos, comete todo tipo de infracciones en la calle y soluciona sus problemas tomándose unas cervezas o en su defecto robando las cosas que le hagan falta de la casa de su vecino Flanders.

Precisamente Flanders es la persona de más progreso en Springfield y a diferencia de Homero, éste paga todos los servicios públicos, inclusive los impuestos, asiste todos los domingos a la iglesia, es un creyente fervoroso, vive apegado a valores éticos y se preocupa de que sus hijos aprendan lo mismo.

En el caso de Homero, el hijo con quien más se identifica es con Bart, un engendro que augura ser una versión corregida y aumentada de su padre.

Lo curioso de todo esto es que, a pesar de la personalidad de Homero, su trabajo es súper delicado, pues trabaja como inspector de seguridad en la planta de energía nuclear de Springfield. Es una de las grandes paradojas, un tipo sumamente irresponsable en un trabajo tan delicado.

Me parece que en nuestro país hemos estado actuando tal como si viviésemos en Springfield. Hemos destinado lo más delicado que tenemos, la patria, en las manos de un liderazgo cuya personalidad es lo más parecido a Homero Simpson.

Tan sólo les “importa” su familia, que sus hijos e hijas estudien en las mejores universidades, que se den la buena vida con el dinero nuestro. Por lo demás, no tienen el más mínimo pudor para alzarse con el erario del pueblo, cometer los más viles actos de corrupción, aliarse con el narcotráfico, y vivir como si nada les importara en un país donde ya se tiene comprometido hasta el futuro de nuestros tataranietos como resultado del endeudamiento sin sentido en que se incurre en cada período electoral.

El problema de esta sociedad es que prefieren imitar a Homero y desdeñar a los tipos Flanders, al punto de que hemos hecho de la corrupción una cultura y en ocasiones hasta cuestionamos quienes hayan pasado por la administración pública y no exhiban grandes fortunas, lujosos vehículos y recursos destinados al pago de favores sexuales adicionales al compromiso marital, aunque criticamos estas situaciones a diario.

Nuestro país debe abocarse, impostergablemente hacia una revolución moral y ética en donde, quienes aspiren a dirigir nuestros destinos, sean personas creíbles, con intereses nobles y con el único interés de hacer de nuestro país una sociedad de hombres y mujeres donde lo único que importa sea la patria y el bienestar de su gente.

La suerte está echada.

1 comentario:

Sandy dijo...

bien por usted rafy, tiene toda la razon, es mas voy mas lejos, en cada uno de nosotros habita un homero.