Por: Eddy Ulerio
Mi vida se ha vuelto una maraña
desde aquel adiós sin esperanzas.
Sufro mi soledad con tanto sopor,
que mi piel se crispa,
cuando en el viento siento tu aliento.
Me cuesta creer que vivas
nuestras distancias
sin la más mínima culpa.
Entiendo tu pragmatismo
y ese sacrificio ruin de tus sentidos,
que rompe mi lógica en mil pedazos.
Hoy me encuentro rearmando mis esquemas
que sucumbieron entre tus dedos,
cuando el desliz supo más que la cordura.
Ya no te espero con la euforia de ayer,
ni me desvela tu fantasma al tocar mi puerta.
A veces te pienso, es cierto.
Pero ya no podrás recuperar
lo que te llevaste en tu huida.
viernes 20 de noviembre de 2009
lunes 16 de noviembre de 2009
Un Caldo de entrada
Por: Rafael Álvarez de los Santos
No quiero entrar en una especie de tratado sobre cómo surge el caldo de entrada, porque no es el interés de este escrito, sin embargo pienso que en alguna otra ocasión podríamos hablar de eso.
A lo que sí quiero referirme es a un hecho sucedido hace mucho tiempo (1990) y cuyo protagonista una vez más fui yo.
Había venido a la Capital creo que por segunda vez en mi vida. El sacerdote de mi pueblo me había invitado a venir con él al aeropuerto a buscar unas personas que llegaban de Puerto Rico, recuerdo como ahora mismo.
Al salir del aeropuerto fuimos a comer a casa de una familia muy adinerada que nos había invitado a su casa desde hacía mucho tiempo y aprovechamos la ocasión para presentarles los nuevos amigos que venían por primera vez al país y de paso pegar el sello en esa casa.
A la hora del almuerzo estábamos ante una mesa muy bien decorada, con una persona que nos servía y todo eso. Imagínense lo extrañado que yo estaba, pues eso sólo lo había visto en las telenovelas y les juro que no creía que era cierto hasta ese día.
La cuestión es que las personas habían puesto un caldo de entrada. Yo, que tenía un hambre terrible, me pregunté para mis adentros en una actitud muy machista, aunque podría decir campesina para ese tiempo: ¿Y esto es lo que vamos a comer? ¿Esta vaina es comida pa’un hombre?
Y como no veía indicios de más nada le entré al caldito ese como a la conga. En medio de mi desesperada hambre y de mi desilusión ante lo brindado, me bajé como tres tazas de aquella sopa (perdón caldo de entrada).
Una vez habíamos terminado mis ojos se hicieron presa de un decepcionante asombro cuando veo que traen de los predios de la cocina tremendo manjar: pollo horneado, arroz con puerro (primera vez que yo veía eso), ensaladas y en fín, trajeron de todo.
Para mi desgracia ya tenía el estómago que no le cabía ni la menor duda por lo que tuve que resignarme a decir que tenía algunas preocupaciones y por eso casi no tenía apetito. Claro, era evidente que tenía que estar preocupado ante semejante desgracia.
Al salir de esa casa el sacerdote estaba incómodo conmigo y me dijo: ¿Es que cuando tú sales de tu casa se te cierra el estómago? Y le contesté que el problema estaba en que ya me había llenado con la sopa esa (perdón caldo de entrada).
Fue en ese momento cuando me sacó de mi ignorancia al decirme: “eso no es ninguna sopa, era un caldo de entrada para ir haciendo estómago”. Ahí fue que la cosa se me complicó de verdad, pues jamás podía imaginarme que dizque antes de comer se hacía estómago. En mi caso el estómago ya estaba hecho y lo único que tenía era hambre y mucha.
A partir de ese momento tengo muy pendiente cuando me ponen caldo de entrada, para decir “No me apetece, muchas gracias”. He tenido que tomar esas precauciones para no ser presa de la ignorancia una vez más.
* * * * * * * * * * * * * *
¿Caldo de entrada otra vez? No señor.
Pasaron muchos años, seis años para ser exacto, y la vida me brindó la oportunidad de estar una vez más en otro almuerzo similar, pero esta vez en un hotel.
Nos habían invitado a cantar en un hotel de Higüey y era un concierto-almuerzo. En dicho almuerzo se encontraba la crema y nata de esta provincia junto a la clase política de este país, así que se podrán imaginar la magnitud del evento.
Al momento del almuerzo lo primero en tener en cuenta era la jodida sopa (perdón caldo de entrada) para que no me atraparan fuera de base de nuevo. Estaba tan pendiente de eso que apenas se me acercó la joven que servía le pregunté ¿tienen caldo de entrada? Asintió con la cabeza, aunque con el seño fruncido, dando la apariencia de estar sorprendida.
La joven no contuvo su curiosidad y me pregunta: ¿Por qué lo pregunta señor? Mi respuesta fue contundente: para que me haga el favor de no servírmelo, porque hoy sí quiero comer.
La joven tampoco entendió mi reacción ni yo me empeñé en aclararle, pero de lo que sí pueden estar seguros y seguras es de que ese día comí por el día que no pude y por ese día, o sea comí doble pero sin sopa, perdón sin caldo de entrada.
No quiero entrar en una especie de tratado sobre cómo surge el caldo de entrada, porque no es el interés de este escrito, sin embargo pienso que en alguna otra ocasión podríamos hablar de eso.
A lo que sí quiero referirme es a un hecho sucedido hace mucho tiempo (1990) y cuyo protagonista una vez más fui yo.
Había venido a la Capital creo que por segunda vez en mi vida. El sacerdote de mi pueblo me había invitado a venir con él al aeropuerto a buscar unas personas que llegaban de Puerto Rico, recuerdo como ahora mismo.
Al salir del aeropuerto fuimos a comer a casa de una familia muy adinerada que nos había invitado a su casa desde hacía mucho tiempo y aprovechamos la ocasión para presentarles los nuevos amigos que venían por primera vez al país y de paso pegar el sello en esa casa.
A la hora del almuerzo estábamos ante una mesa muy bien decorada, con una persona que nos servía y todo eso. Imagínense lo extrañado que yo estaba, pues eso sólo lo había visto en las telenovelas y les juro que no creía que era cierto hasta ese día.
La cuestión es que las personas habían puesto un caldo de entrada. Yo, que tenía un hambre terrible, me pregunté para mis adentros en una actitud muy machista, aunque podría decir campesina para ese tiempo: ¿Y esto es lo que vamos a comer? ¿Esta vaina es comida pa’un hombre?
Y como no veía indicios de más nada le entré al caldito ese como a la conga. En medio de mi desesperada hambre y de mi desilusión ante lo brindado, me bajé como tres tazas de aquella sopa (perdón caldo de entrada).
Una vez habíamos terminado mis ojos se hicieron presa de un decepcionante asombro cuando veo que traen de los predios de la cocina tremendo manjar: pollo horneado, arroz con puerro (primera vez que yo veía eso), ensaladas y en fín, trajeron de todo.
Para mi desgracia ya tenía el estómago que no le cabía ni la menor duda por lo que tuve que resignarme a decir que tenía algunas preocupaciones y por eso casi no tenía apetito. Claro, era evidente que tenía que estar preocupado ante semejante desgracia.
Al salir de esa casa el sacerdote estaba incómodo conmigo y me dijo: ¿Es que cuando tú sales de tu casa se te cierra el estómago? Y le contesté que el problema estaba en que ya me había llenado con la sopa esa (perdón caldo de entrada).
Fue en ese momento cuando me sacó de mi ignorancia al decirme: “eso no es ninguna sopa, era un caldo de entrada para ir haciendo estómago”. Ahí fue que la cosa se me complicó de verdad, pues jamás podía imaginarme que dizque antes de comer se hacía estómago. En mi caso el estómago ya estaba hecho y lo único que tenía era hambre y mucha.
A partir de ese momento tengo muy pendiente cuando me ponen caldo de entrada, para decir “No me apetece, muchas gracias”. He tenido que tomar esas precauciones para no ser presa de la ignorancia una vez más.
* * * * * * * * * * * * * *
¿Caldo de entrada otra vez? No señor.
Pasaron muchos años, seis años para ser exacto, y la vida me brindó la oportunidad de estar una vez más en otro almuerzo similar, pero esta vez en un hotel.
Nos habían invitado a cantar en un hotel de Higüey y era un concierto-almuerzo. En dicho almuerzo se encontraba la crema y nata de esta provincia junto a la clase política de este país, así que se podrán imaginar la magnitud del evento.
Al momento del almuerzo lo primero en tener en cuenta era la jodida sopa (perdón caldo de entrada) para que no me atraparan fuera de base de nuevo. Estaba tan pendiente de eso que apenas se me acercó la joven que servía le pregunté ¿tienen caldo de entrada? Asintió con la cabeza, aunque con el seño fruncido, dando la apariencia de estar sorprendida.
La joven no contuvo su curiosidad y me pregunta: ¿Por qué lo pregunta señor? Mi respuesta fue contundente: para que me haga el favor de no servírmelo, porque hoy sí quiero comer.
La joven tampoco entendió mi reacción ni yo me empeñé en aclararle, pero de lo que sí pueden estar seguros y seguras es de que ese día comí por el día que no pude y por ese día, o sea comí doble pero sin sopa, perdón sin caldo de entrada.
jueves 12 de noviembre de 2009
Espacio interferido
Por: Nicolás Guevara
En lo que era su mayor gesto de sinceridad a lo largo de sus vidas, el mundo, y sus pequeñeces, quedó atrás en un instante:
La puerta resonante se cerró a sus espaldas. El silencio tomó posesión de las cosas. Olor a vida, un olor a piel bañaba el cuadrante. En un extremo reluciente, un lecho tibio de sábanas y poemas se extendía sediento. Ella, liberando sus cabellos, dibujó algunos pasos hacia el fondo de la habitación. Él tiró la última bocanada a su cigarro al tiempo que dejaba caer hacia la calle su vista de joven halcón enamorado.
Verdes cortinas cubrían la atmósfera. Un viento frío, escapado del mar, les helaba las narices y los dientes, acrecentando el pánico agradable de la entrega. Ella, con asombro de mujer mal sentada, reclinó su estatura de bronce sobre la cama dejando escapar el brillo grave de sus ojos. Él, rígido, se acercó apenas respirando como quien comete su primer pecado.
Afuera, trémula y turbulenta, se horizontalizaba la ciudad con cementerios, mercados, burdeles, talleres, impostores y habladores, artesanos y poetas. Mientras caía la noche sobre peatones y vehículos que con destreza acrobática se disputaban el pavimento en una absurda rutina del vivir. Adentro, donde pierde sus límites la vida, dos cuerpos acrisolados, frágiles y desnudos proyectaban su entrega en el espejo justo al instante en que ella dijo con ahogada voz: “La luz, por favor, la luz…” ¡Y ya, no supe más de mí!
(Tomado del libro: Las piernas de mi poesía, 1987)
En lo que era su mayor gesto de sinceridad a lo largo de sus vidas, el mundo, y sus pequeñeces, quedó atrás en un instante:
La puerta resonante se cerró a sus espaldas. El silencio tomó posesión de las cosas. Olor a vida, un olor a piel bañaba el cuadrante. En un extremo reluciente, un lecho tibio de sábanas y poemas se extendía sediento. Ella, liberando sus cabellos, dibujó algunos pasos hacia el fondo de la habitación. Él tiró la última bocanada a su cigarro al tiempo que dejaba caer hacia la calle su vista de joven halcón enamorado.
Verdes cortinas cubrían la atmósfera. Un viento frío, escapado del mar, les helaba las narices y los dientes, acrecentando el pánico agradable de la entrega. Ella, con asombro de mujer mal sentada, reclinó su estatura de bronce sobre la cama dejando escapar el brillo grave de sus ojos. Él, rígido, se acercó apenas respirando como quien comete su primer pecado.
Afuera, trémula y turbulenta, se horizontalizaba la ciudad con cementerios, mercados, burdeles, talleres, impostores y habladores, artesanos y poetas. Mientras caía la noche sobre peatones y vehículos que con destreza acrobática se disputaban el pavimento en una absurda rutina del vivir. Adentro, donde pierde sus límites la vida, dos cuerpos acrisolados, frágiles y desnudos proyectaban su entrega en el espejo justo al instante en que ella dijo con ahogada voz: “La luz, por favor, la luz…” ¡Y ya, no supe más de mí!
(Tomado del libro: Las piernas de mi poesía, 1987)
domingo 8 de noviembre de 2009
Vivir lentamente
Por: Humberto Rivas
Hoy abro los ojos lentamente abstrayéndome
en cada figura visible o imaginada,
inhalo paranoico la existencia que se cuela
a borbotones por mi ventana y la degusto
exquisitamente cual si fuera la última gota.
¡Me da gusto estar todavía vivo en medio de
tantos muertos, a veces reales, a veces aparentes!
¡Me alegro de que mis ojos te vean,
mis oídos te escuchen, sentir sobre mi pecho
la reclinación de tu cabeza.
Sentir lentamente la lluvia, el rocío, el frío,
el calor, oler la flor de la pradera,
broncearme de colores todo entero
bajo el rayo de una mirada.
Ser payaso de la fiesta, artista de obras
invisibles, trapecista y equilibrista sobre
cuerdas que van de corazón a corazón.
Declarar guerras a mis enemigos
y suspenderlas ya en el campo por falta de motivos.
Quedarnos bailando embriagados con una botella
de risas, descorchar sonetos y servirnos copas y copas,
en este día que quizá sea eterno.
Porque la vida lentamente así vivida, en realidad
nunca termina, ni aun cuando se diluya entre mis dedos
mi tiempo.
Hoy abro los ojos lentamente abstrayéndome
en cada figura visible o imaginada,
inhalo paranoico la existencia que se cuela
a borbotones por mi ventana y la degusto
exquisitamente cual si fuera la última gota.
¡Me da gusto estar todavía vivo en medio de
tantos muertos, a veces reales, a veces aparentes!
¡Me alegro de que mis ojos te vean,
mis oídos te escuchen, sentir sobre mi pecho
la reclinación de tu cabeza.
Sentir lentamente la lluvia, el rocío, el frío,
el calor, oler la flor de la pradera,
broncearme de colores todo entero
bajo el rayo de una mirada.
Ser payaso de la fiesta, artista de obras
invisibles, trapecista y equilibrista sobre
cuerdas que van de corazón a corazón.
Declarar guerras a mis enemigos
y suspenderlas ya en el campo por falta de motivos.
Quedarnos bailando embriagados con una botella
de risas, descorchar sonetos y servirnos copas y copas,
en este día que quizá sea eterno.
Porque la vida lentamente así vivida, en realidad
nunca termina, ni aun cuando se diluya entre mis dedos
mi tiempo.
miércoles 4 de noviembre de 2009
La última luna
Por: AA. VV.
Asunto: Propuesta para poetas y/o insurgentes del foro (20/11/02)
Mensaje:
Os propongo la realización de un soneto en la técnica de cadáver exquisito. Uno empieza con un verso y el resto copian la intervención anterior y añaden su verso hasta completar los catorce. Si os es posible respetad métrica y rima. Se ruega a quien no le interese que no joda demasiado y descubra las virtudes de (¡”!!#$ se omite el resto de la frase por pudor). Como iniciador de la tontería me permito el lujo de empezar:
Besos y botellas en cuarto menguante
madrugada negra de un mes de febrero
nueve meses antes del parto sin sangre
donde encontraste mis labios primero.
¿Y quién dice que no fueron tus temores
el as en la manga de un Dios precavido?
Biografía discreta de falso amores
broma pesada del infante cupido.
Y pensar que todo acabará mañana
¿Puede media vida caber en un beso?
¿Puede un beso enredar en maraña?
Déjame terminar de saciarme en tu piel
y libera a mis labios de miedos
muéstrame que no todo sabe a hiel.
Asunto: Propuesta para poetas y/o insurgentes del foro (20/11/02)
Mensaje:
Os propongo la realización de un soneto en la técnica de cadáver exquisito. Uno empieza con un verso y el resto copian la intervención anterior y añaden su verso hasta completar los catorce. Si os es posible respetad métrica y rima. Se ruega a quien no le interese que no joda demasiado y descubra las virtudes de (¡”!!#$ se omite el resto de la frase por pudor). Como iniciador de la tontería me permito el lujo de empezar:
Besos y botellas en cuarto menguante
madrugada negra de un mes de febrero
nueve meses antes del parto sin sangre
donde encontraste mis labios primero.
¿Y quién dice que no fueron tus temores
el as en la manga de un Dios precavido?
Biografía discreta de falso amores
broma pesada del infante cupido.
Y pensar que todo acabará mañana
¿Puede media vida caber en un beso?
¿Puede un beso enredar en maraña?
Déjame terminar de saciarme en tu piel
y libera a mis labios de miedos
muéstrame que no todo sabe a hiel.
sábado 31 de octubre de 2009
Gatuperio
Por: Héctor Martínez D.
Surge, crece y transforma,
sin miramiento tus toques haces espontáneos
levanta contradicciones
te haces necesario
resurge cada segundo diversificado
Sobre ti se legisla
se hace arte
catarsis
y empresas
Crece y ocupas atención
para unos como necesidad
para otros como temor;
gozas de enemigos,
de adeptos y promotores
recreándote en la contradicción
Tu agilidad vuelca esfuerzos
anhelos y utopías
en paréntesis de indignación,
en impotentes desconciertos
en penas y reclusión
Tu antítesis no es noticia
ni presencia concienciada
pues tu estar roba sacrificios,
trastorna nervios
enloquece miradas.
En la desobediencia naciste
y desde ese mito de tu nacimiento
te hace de muchos justificación.
Para uno eres dinamismo,
para algunos maldición
y para todos incertidumbre,
y de los íntegros desesperación,
solventándole, también, desilusión.
Eso eres tú,
mal,
vacío
sequedad
gatuperio
que al mundo ocupa en tu superación
y al cielo en ofertas de gloria
o aviso de perdición,
como si este inmediatismo
diera posibilidad a ejercicios de concienciación.
Surge, crece y transforma,
sin miramiento tus toques haces espontáneos
levanta contradicciones
te haces necesario
resurge cada segundo diversificado
Sobre ti se legisla
se hace arte
catarsis
y empresas
Crece y ocupas atención
para unos como necesidad
para otros como temor;
gozas de enemigos,
de adeptos y promotores
recreándote en la contradicción
Tu agilidad vuelca esfuerzos
anhelos y utopías
en paréntesis de indignación,
en impotentes desconciertos
en penas y reclusión
Tu antítesis no es noticia
ni presencia concienciada
pues tu estar roba sacrificios,
trastorna nervios
enloquece miradas.
En la desobediencia naciste
y desde ese mito de tu nacimiento
te hace de muchos justificación.
Para uno eres dinamismo,
para algunos maldición
y para todos incertidumbre,
y de los íntegros desesperación,
solventándole, también, desilusión.
Eso eres tú,
mal,
vacío
sequedad
gatuperio
que al mundo ocupa en tu superación
y al cielo en ofertas de gloria
o aviso de perdición,
como si este inmediatismo
diera posibilidad a ejercicios de concienciación.
miércoles 28 de octubre de 2009
Soy...
Por: Sandy R. Genao Cruz
Soy de los que piensan que el mundo puede mejorar,
soy de los que sienten que las cosas tienen que cambiar,
de los que no toleran el abuso y la maldad,
de los que primero preguntan, para luego opinar.
Soy quizás, de los llamados raros en este mundo,
soy de los que ven la vida como un camino de frutos,
de los que piensan que todos tenemos algo que decir,
de los que ven más provechoso callar, observar y oír.
Soy de los que saben todo y al final no saben nada,
de los que llaman ignorantes a muchas personas "letradas",
de los que según el comercio, se han quedado en el camino,
de los que no se acostumbran a este mundo en que vivimos.
Soy un tipo no estudiado, sin costumbres ni complejos,
soy de los que reaccionan mal si me tildan de pendejo,
de los que precisan de poco para vivir esta vida,
de los que rechazan el odio, la falsedad y la mentira.
Soy sólo una persona con su manera de ser,
soy quien piensa en levantarse aunque vuelva a caer.
Soy de los que piensan que el mundo puede mejorar,
soy de los que sienten que las cosas tienen que cambiar,
de los que no toleran el abuso y la maldad,
de los que primero preguntan, para luego opinar.
Soy quizás, de los llamados raros en este mundo,
soy de los que ven la vida como un camino de frutos,
de los que piensan que todos tenemos algo que decir,
de los que ven más provechoso callar, observar y oír.
Soy de los que saben todo y al final no saben nada,
de los que llaman ignorantes a muchas personas "letradas",
de los que según el comercio, se han quedado en el camino,
de los que no se acostumbran a este mundo en que vivimos.
Soy un tipo no estudiado, sin costumbres ni complejos,
soy de los que reaccionan mal si me tildan de pendejo,
de los que precisan de poco para vivir esta vida,
de los que rechazan el odio, la falsedad y la mentira.
Soy sólo una persona con su manera de ser,
soy quien piensa en levantarse aunque vuelva a caer.
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